Capítulo 30 —El gruñido
Narrador:
Cleo no pudo soportarlo. No podía fingir, no podía respirar, no podía seguir rodeada de voces que no sabían nada. A los pocos minutos de ver a Nerón desaparecer con Romina, sus piernas se movieron solas, la urgencia la empujó por los pasillos con el corazón en la boca. Subió las escaleras con el pulso enloquecido y giró justo en el momento en que el sonido la atravesó como un rayo. Fue un gruñido, un grito, rasposo, crudo. Salido desde lo más hondo del pecho de