—Maldito…
Su murmullo fue bajo, casi como un siseo. Se limpió los labios con brusquedad.
El aire nocturno se sentía más frío cuando Josselyn salió de aquella habitación.
La puerta detrás de ella se cerró con un golpe seco, casi como si lo hubiera hecho a propósito.
Sus pasos eran rápidos. Irregulares.
Su pecho aún subía y bajaba, no solo por la ira, sino también por algo más inquietante.
Ese contacto.
Ese beso.
Y la forma en que Killian la había mirado, como si todo lo que ella había dicho no t