—Esto no será suficiente…
La voz de Josselyn apenas se oía mientras observaba al niño frente a ella.
El pequeño cuerpo temblaba. Sus labios estaban pálidos. Y la mancha roja, ya seca en la comisura de su boca, hacía que el pecho de Josselyn se sintiera oprimido.
Kael estaba de pie a su lado.
—Su condición empeoró desde anoche.
Josselyn no respondió. Su mano ya se había movido antes.
Se arrodilló. Su palma tocó la frente del niño: ardía, con una temperatura anormal.
—¿Desde cuándo vomitan sangre