Toc. Toc. Toc.
Los golpes fueron lentos —demasiado lentos para ser educados, pero suficientes para helarle la sangre a Josselyn.
Su cuerpo se tensó al instante.
Killian también se detuvo. No por duda, sino porque escuchó algo más: pasos. Más de uno. Y demasiado cerca.
—Silencio —susurró él, con la voz baja junto a su oído.
Josselyn se mordió el labio, conteniendo cualquier sonido. Su pecho subía y bajaba rápido, mezcla de lo que había ocurrido momentos antes y de la tensión que se abatió sobre