Capítulo 30
Dolores llegó a la boutique unos minutos antes del horario de apertura. El aroma familiar de telas nuevas, perfume suave y café recién hecho la recibió como un reflejo automático de la vida que conocía tan bien.
—¡Buenos días! —saludó a las vendedoras, forzando una sonrisa profesional.
—¡Buenos días, señora! —respondieron casi al unísono.
Caminó por el salón, observando los escaparates impecables, los maniquíes perfectamente vestidos, todo exactamente como debía estar. Todo bajo con