Capítulo 16
Minutos después, su vaquero volvió, ahora con un buzo gris y una camiseta sencilla, sin sombrero, sin botas, sin postura de patrón.
Parecía… común. Casi un hombre cualquiera, de no ser por el hecho de ocupar toda la sala con aquella presencia inmensa, ancha, imposible de ignorar.
Dolores parpadeó, sorprendida. Nunca creyó que le gustaría un hombre tan grande, tan vasto de cuerpo y de silencios. Pero allí estaba ella, con el corazón sacudido por un tipo que ni siquiera formaba parte