Veinte años habían pasado desde que Alma Nova salió del Refugio Verde.
Ahora tenía cuarenta y tres años. Su cabello empezaba a mostrar algunas canas que ella se negaba a teñir, porque cada una le recordaba una noche que había resistido. Luna Rosa ya era una joven de veintidós años, fuerte, independiente y, por suerte, poco atraída por las tormentas.
Pero la vida, como siempre, tenía otros planes.
Era septiembre. La temporada de huracanes estaba en su punto más alto. Una tormenta tropical azotab