¡No puedo!...
Cuando Gari despertó fue hasta su habitación para arreglarse, sólo esperaba que Samantha estuviese dormida y no tener que lidiar con sus reclamos y celos justificados, sí, realmente justificados, de la mente del pelirrubio no salían, ni por un momento, pensamientos y deseos hacia Priscila.
Abrió sigilosamente la puerta para no hacer ruido. Miró a la cama y allí estaba su hermosa esposa, profundamente dormida, Gari entró directamente al baño, se duchó y tomó de guardarropas el traje que usaría