Samantha se dejó llevar por las ganas, sus manos acariciaron la fuerte anatomía de su cuñado. Sus espalda musculosa, sus brazos torneados, sus nalgas firmes, todo un monumento escultural cincelado en mármol, pero que ardía y la hacía arder.
Las voces de las mujeres conversando y la risa de estas, los hizo separarse rápidamente. Samantha se sentó en el sofá y Guy fue hasta el bar para servirse otro trago y ocultar el abultamiento pélvico. April se acercó hasta la sala para ver si su hijo estaba