Después de desayunar en compañía de Theodore, Priscila subió hasta la habitación, tomó su móvil y llamó a su amiga.
—Annette, ¿Cómo estás? Dime qué es eso que tienes que decirme.
—Hola, Prisci. Es algo muy personal, no puedo decírtelo por teléfono. ¿Puedes venir a casa o nos vemos en algún café?
—¿De qué se trata? —insistió Priscila.
—Sólo te diré que tiene que ver con el pacto que hicimos.
Priscila acordó verse en casa de su amiga, aquello ya no era un secreto, Gerald sabía que Gael no e