Entre tragos, no hay secretos...
Gerald jamás imaginó que aquella conversación en la que él y Annette discutieron, estuviese Kate presente. Miró la hora por enésima vez en su reloj, y decidió ir a ver a su amante, a liberar su frustración y pérdida de control sobre Priscila, sometiendo a la única mujer que siempre estaba para él, Kate.
Salió de la mansión, subió a su lujoso auto deportivo y condujo hasta el edificio. Él tenia llaves del lugar, por lo que entró al edificio sin inconveniente. Abrió la puerta del apartamento y