—Eso no es verdad, papá. Dime que eso que acabo de escuchar no es verdad. —Gari se acercó a Samantha.— ¡No, no me toques, no quiero que me toques! —comenzó a gritar, desesperada.
—Sam, deja que te explique, mi amor. —Gari trató de calmarla, pero ella reaccionó de forma inesperada o impulsiva:
—¡Te dije que no me toques! —apartó la mano con brusquedad de su hombro— ¡Aléjate de mí, maldita sea! —dijo y se tiró al piso, mientras Simons se acercaba para abrazarla.
—¡Vete, Gari, vete! —le ordenó