—¡Dios! —gritó ella al sentir la brisa del auto moviendo sus cabellos.
—¿Estás bien? —preguntó Gari, nervioso. Sabía de qué se trataba y reconoció la placa del auto.
—¡Sí, sí, eso creo! —contestó aturdida por lo extraño de aquel evento.
—Vamos, vamos a la clínica. Esto que acaba de pasar no fue casual.
—¿Qué dices? ¿Quieres decir que intentaron matarme? —el semblante pálido de Priscila evidenciaba el terror que sintió al oír de labios de Gari aquella afirmación.
—No creo que hayan intentad