Gari condujo hasta el bar donde hizo su sueño realidad aquella noche. Aparcó su auto en la entrada y bajó, resuelto a libar sus penas en el licor. Se sentó en la barra y pidió un whisky seco. Comenzó a beber su trago como si aquel trago realmente lo pudiese ayudar a olvidar su realidad.
Unas nanos finas y delgadas cubriendo sus ojos, lo hicieron estremecer y escuchó aquella voz conocida. Se trataba de Annette, la sensual rubia volvía a coincidir con él.
—¡Hola! Casado seductor. —bromeó ella