Capítulo 68 —El filo de la noche
El blindaje del vehículo era lo único que separaba a Ivanka de una realidad que, por momentos, parecía querer asfixiarla. A través de los cristales ahumados, las luces de la ciudad se convertían en borrones de colores eléctricos, una coreografía de neón que resultaba intimidante. A su lado, Dante era una presencia sólida, su mano posada sobre el muslo de ella con una firmeza que pretendía ser un ancla, aunque el pulso que Ivanka sentía en su propio cuello era un