Capítulo 140 —El forastero
Dante no necesitó que nadie se lo dijera. Rusia no era suya.
Lo entendió en los pasillos de la casa Volkova, en las miradas que se apartaban de Ivanka para caer sobre él como si midieran cuánto espacio ocupaba un extranjero dentro de una herencia que no le pertenecía. Lo entendió en la forma en que los hombres de la mesa pronunciaban su apellido con respeto, sí, pero también con distancia.
“Adler: El Hijo del Diablo”
Un nombre que en América abría puertas antes de toca