La amenaza de una auditoría fiscal y la intervención del comité de ética que prometía destruir a Ian Winchester no duró ni veinticuatro horas. Cuando Christopher hizo aquella alarmante llamada la noche anterior. Habían subestimado gravemente la letalidad del hombre con el que compartía el techo. Ian no perdió la calma; ni siquiera alzó la voz. Simplemente tomó el teléfono de Annie, transfirió el archivo de audio con la voz de Valentina y se lo envió directamente a su equipo legal privado con un