Las semanas habían transcurrido como una tregua bendita, transformando el apartamento de Florencia en un verdadero hogar. Desde aquella noche en que los miedos de Annie se derrumbaron en los brazos de Ian, la transición de su relación había dejado de ser un secreto.
Los trillizos se habían enterado de que sus papás estaban juntos desde los primeros días, una noticia que los niños asimilaron con total naturalidad y una alegría desbordante. Ya no había misterios; ver