De no ser porque en ese preciso instante el tono de llamada de su teléfono celular comenzó a taladrar el silencio, el choque en la sala habría sido insoportable.
Victoria dio un respingo. Miró la pantalla: era Carlo, el chef principal de Dolce Vita.
—Es de la pastelería... hay un problema con la entrega de los ingredientes para mañana —murmuró Victoria, sintiéndose dividida entre la crisis familiar y la responsabilidad del negocio. Suspiró con pesadez—. Tengo que contestar esto, hija. Dame un