Todavía podía sentir el pitido de la llamada en su oído. Aquella llamada finalizada seguía sintiéndose como una bomba a punto de estallar.
Se quedó congelada en la cocina, con el teléfono aún apretado contra su oreja. Detrás de ella, en el comedor, las risas de Sofia y Luca creaban un contraste con su inquietud y con el murmullo de Matteo. Era el sonido de su mundo entero, un mundo que Ian Winchester acababa de amenazar con destruir.
El primer instinto de Annie, un reflejo animal forjado a bas