Como si la incesante tortura psicológica de saber que Ian Winchester rondaba la ciudad no fuera suficiente, el clima en Florencia decidió acompañar el caos de su interior. Aquel día había estado tan cargado de estrés, de paranoia y de un terror asfixiante por la posibilidad de encontrarse con él, que Annie sentía los huesos pesados por el cansancio extremo.
Cuando por fin logró conciliar el sueño en medio de la madrugada, arrullada por el sonido violento de una tormenta eléctrica que azotaba la