Buscó en los ojos de Victoria alguna señal de que estaba equivocada, alguna alternativa, pero solo encontró una honestidad aplastante.
—¿En serio? —logró articular Annie, forzando a que su voz no temblara—. ¿Se ha ido... a Suiza?
—Así es, cariño —confirmó Victoria, acariciando el dorso de la mano de su hija con comprensión—. Me visitó justo antes de irse. Se despidió, aceptó que yo dejara el departamento y tomó un vuelo sin fecha de retorno. No he sabido absolutamente nada más de él desde ese d