Su madre lo alcanzó y, en un gesto desesperado, le sujetó el brazo. Ian se detuvo, pero no giró el rostro de inmediato.
—¿Es... es realmente cierto? —preguntó Brenda, con los ojos cristalizados—. ¿Es verdad que te vas a Suiza? Ian, por favor, no puedes hacerlo. No ahora. Míranos, la familia está destruida. Deberías quedarte, tomar el control de nuevo... deberías reconstruir tu vida aquí. Podrías formar una familia...
La sola mención de la palabra familia fue como verter ácido sobre la herida ab