A pocos pasos de él, Brenda observaba la pantalla. Al escuchar y ver las pruebas, se quedó de piedra. La sangre pareció abandonarle el cuerpo. Durante años, la familia se había esforzado en ocultar el escándalo del incendio, enterrándolo bajo millones de dólares en sobornos y acuerdos de confidencialidad para proteger el apellido.
Brenda no podía entender cómo, después de tanto esfuerzo por mantener el secreto bajo llave, ahora no solo salía a la luz la tragedia, sino el monstruoso nombre de l