Los síntomas de su embarazo, clasificado desde el inicio como de alto riesgo, se habían intensificado de una manera brutal. Los mareos ya no eran episodios aislados por saltarse una comida; eran olas constantes de náuseas y vértigo que la dejaban sin fuerzas. Sabiendo que no podía quedarse de brazos cruzados mientras su cuerpo colapsaba, Annie se vio obligada a buscar ayuda.
Eligió con sumo cuidado un pequeño centro de salud en las afueras de la provincia, un lugar rústico y modesto al que nunc