Ian se acercó lentamente al enorme ventanal que dominaba la ciudad, dándole la espalda a la habitación. Tras un par de segundos de pesado silencio, giró un poco el rostro, miró a su asistente por encima del hombro y preguntó con voz áspera:
—¿Has ordenado que se envíe el dinero?
Christopher asintió de inmediato, manteniendo una postura firme.
—Sí, señor. El dinero ha sido transferido a su cuenta de manera exitosa. La liquidación total ya está a su disposición.
Ian asintió lentamente con la cabe