Annie, cerró la puerta con delicadeza como si le diera miedo que de pronto el sonido estruendoso rompiera su necesidad por esta dentro de una burbuja llena de paz, en la que había entrado desde que de vio a su madre.
Ella se apoyó un segundo contra la madera, sintiendo una punzada de tristeza por tener que marcharse y dejarla allí, pero, al mismo tiempo, un alivio inmenso le aligeraba el pecho. Victoria estaba en las mejores manos posibles.
Al levantar la vista y mirar hacia el final del pas