La mañana siguiente en el Penthouse se sentía diferente, aunque los fantasmas aún rondaban las esquinas. Ian ya estaba sentado a la mesa, desayunando con una disciplina militar, cuando Annie hizo su aparición. Caminaba despacio, aún sintiéndose un poco débil, con el cabello recogido de forma sencilla y esa mirada que, a pesar de sus esfuerzos, todavía conservaba un rastro de melancolía y duda.
—Buenos días —saludó, con una voz suave que apenas rompió el silencio de la estancia.
Ian levantó la v