Ares y Leo corrían por el bosque sin descansar, ya estaban cerca del pueblo, Ares podía sentirlo.
Sin embargo, un terrible miedo no dejaba el pecho de Ares, el vínculo con Selina seguía siendo inestable, casi imperceptible, por momentos él apenas se sentía un pequeño lazo que rápidamente desaparecía.
Eso le hacía temer lo peor.
El sol de la media mañana brillaba cuando el bosque se abrió ante Ares abriéndole paso hacia el pueblo, justo detrás de la vieja casa donde se suponía debía estar Sel