Capítulo 32 — Honra su sacrificio.
Leo se acercó directo a Selina y la tomó del brazo sin pedir permiso, jalándola.
— Vamos. — Ordenó Leo.
Selina dio un paso, pero al instante, se detuvo.
Ares ya salía y desde la parte trasera de la cabaña se escuchaban gritos, voces, muchas, superpuestas y furiosas.
Al mismo tiempo, había gruñidos y aullidos, en diferentes tonos, no eran humanos, obviamente, eran lobos, eran muchos lobos.
El corazón de Selina se timbró cuando vio a Ares cruzando la puerta y cerr