Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz de la mañana me atravesó los párpados como una bala mortal.
¡Joder, qué dolor de cabeza! Me desperté en mi cama, con la boca seca y un dolor sordo en las sienes que me recriminaba por haber perdido el control anoche. Qué estúpida eres, Godoy. Y entonces, mientras me sentaba en la cama, lo recordé. Tan claro como el agua. “Adara, cásate conmigo.” Holden. Jodido y estúpido Holden. El imbécil se había embriagado de tal manera que su cerebro atrofiado tuvo una idea demencial que jamás sobreviviría a la luz del día. No debería sorprenderme. Digo, es Holden. Nunca tiene un pensamiento coherente. Me levanté, fui al baño y, después de ducharme, me vestí con unos jeans anchos y viejos y una sudadera, decidida a ignorar los hechos de la noche anterior y tratarlo como lo que era; el delirio etílico de un amigo con problemas familiares. Mi teléfono vibró justo cuando me disponía a bajar a desayunar. Joder, Holden. Es muy temprano para esto. Holden: Desayuno en mi café favorito. En 20 minutos. Trae paracetamol y un exorcista... Lo necesito con urgencia, Godoy. Yo: Tienes suerte de que esté hambrienta, si no, habría dejado que el taladro en tu cabeza te hiciera pensar sobre tus acciones... ¡No vuelvas a darme alcohol en tu vida! Holden: Ven ya. Extraño ver tu odioso y arrugado rostro. Tonto. Sonreí a pesar de todo. Al menos su resaca está peor que la mía. [...] Cuando llegué, lo encontré hundido en un rincón del café, con unas gafas de sol enormes a pesar de estar dentro del local y una botella de agua a medio terminar. Parecía un vampiro moribundo. ¡Ja, te lo mereces! —Parece que te atropelló un camión, Somerset —le dije, deslizándome en la silla frente a él y dejando un blíster de pastillas sobre la mesa. —Peor que eso —gimió, sin levantar la cabeza—. Me atropelló mi abuelo por teléfono a las seis de la mañana. Dos horas de sermón sobre responsabilidades, linajes y lo decepcionante que es que su único nieto varón prefiera ir de fiesta en lugar de buscarse una esposa decente. —Te lo mereces. —Desearía estar muerto ahora... ¡Me quiero morir, Godoy! No pude evitar reírme por aquella tontería y el simple sonido pareció hacerle daño físico. —Te recuerdo que fue tu idea pedir una segunda ronda de whisky... Debiste parar, pero tú y tu alcoholismo no te dejan pensar con claridad. —No te rías. Es tu culpa, Godoy... Y no soy alcohólico. —¿Mi culpa? —Sí. Si me hubieras aceptado anoche, hoy podría haberle dicho: "Abuelo, quédate tranquilo, ya tienes una nieta política". Y estaría durmiendo como un bebé en mi cómoda cama. Y ahí estaba. Jugando con la idea de nuevo, como siempre hacía con todo. Respiré profundo y ordené un jugo verde y una tostada de aguacate. Mi corazón necesitaba algo que no fuera alcohol y las locuras de mi mejor amigo. Aunque mi estómago odiaba esas comidas. —Muy gracioso, Holden... No me hagas reír, también me duele el cráneo por tu culpa. Holden se quitó lentamente los lentes y por primera vez me miró. Sus ojos verdes estaban inyectados en sangre, pero su mirada estaba llena de persistencia. Ay, no... Yo conozco esa mirada. —¿Crees que bromeo? —Absolutamente, Somerset... Bromeaste anoche con algo que es serio, pero está bien. Estábamos borrachos y tristes. Supongo que es normal inventar soluciones ridículas. —No inventé nada. Te propuse un contrato completamente legal, Adara. Un año y un matrimonio por conveniencia mutua. Yo me libro del abuelo y tú… —hizo una pausa, estudiándome de arriba a abajo— tú te libras de todos tus problemas. Como si fuera tan fácil. El mesero llegó con mi jugo verde y, apenas lo tuve en mis manos, lo bebí como si fuera un elixir vital, evitando su mirada. —Es una locura, Holden... Será mejor que desayunes, te veo peor que ayer y no quiero ver cómo mi mejor amigo pierde la cordura. —¿Por qué no lo ves como una especie de estrategia? Adoras las estrategias, Godoy. Es lo que haces siempre; resolver problemas con lógica. Bueno, este es un problema con una solución práctica. —¿Práctica? Estás hablando de casarnos... Nosotros no somos… eso. —¿Qué? ¿Amigos? Porque eso somos... Los mejores amigos y eso es mejor base que la mitad de los matrimonios reales. Dios. —Holden… No me refiero a eso. —¿Qué? ¿Estás enamorada de mí? —¡Holden! —Escucha primero —me interrumpió, inclinándose hacia mí. Su voz seguía baja—. Anoche me dijiste que querías ser el centro de atención por una vez en tu vida. Que querías que ellos lo vieran y se retorcieran... Bueno, esta es la manera. Serás una Somerset. Tu nombre estará en todos lados. El anillo en tu dedo hará parecer al de tu hermana un anillo de chicle, Adara. Imagina la cara de ese pedazo de moho de August cuando te vea conmigo... Imagina a tus padres, teniendo que sonreírte y felicitarte a ti por primera vez en la vida... ¿Me vas a decir que no quieres vivir todo eso? ¡Por supuesto que quiero! ¡Más que nada! Quiero ver a Amira enojada porque su hermana enferma consiguió un mejor partido y que su plan de arruinarme la vida se fue al caño. Sus palabras pintaban una imagen tentadora. Demasiado tentadora para mí porque era lo que siempre había querido, pero había un millón de obstáculos. No podía dejarlos a un lado y ser completamente irresponsable, ¿o sí? No debería... Por más que quiera vengarme, debería ser una persona responsable, ¿no? ¡Ayuda!






