— ¡Señor! — Los hombres entraron en la casa con la presa entre sus manos. — ¡Aquí está!, ¡la mujer que pidió!
— ¡Por fin! — Gianfranco se acercó, su expresión se iluminó con una sonrisa socarrona.
— ¡Señor, traía esto! — Uno de los hombres mostró el localizador destruido.
Gianfranco soltó una fuerte bofetada en el rostro de Megan, volteándola por completo, las piernas de ella temblaron ante tal golpe, la cabeza le dio vueltas, si no hubiera sido porque los dos hombres la sostenían por los br