Albert tiró el teléfono de Megan haciéndolo añicos, para luego hacer lo mismo con el teléfono de él frente a ella.
— ¿Qué…?, ¿qué pasa…?, ¿Albert, qué haces…? — Preguntó Megan, atónita.
— Fue Dayana…
— ¿Qué?
— Cuando la encontraste saliendo de la oficina, ella configuró nuestros teléfonos para que no nos enteráramos de las llamadas… Nos han estado escuchando… ¡Mald!cion, ellos sabían cada paso que dábamos, nos tenían vigilados, Megan! — Gritó Albert lleno de frustración.
— No puede ser… —