Freya miró la pantalla de su teléfono durante unos segundos que se sintieron como horas, con los dedos temblando sobre el teclado sin saber qué teclear, porque esas tres palabras de Ethan se sentían tan ligeras comparadas con las rocas que él le había arrojado al pecho esa mañana, y no estaba segura de si quería responderle con ira o con un silencio más cortante que cualquier palabra.
Finalmente, eligió no responder en absoluto porque no era lo suficientemente fuerte para fingir que todo estaba