El rugido de Yago se apagó, dejando en la Suite Imperial un silencio absoluto, solo roto por las respiraciones entrecortadas y pesadas de ambos. El mundo exterior, con sus contratos, sus guerras corporativas y sus padres manipuladores, había dejado de existir. En ese momento, en esa cama revuelta y húmeda, solo existía la realidad biológica y espiritual de lo que acababan de consumar.
Yago permaneció sobre Alina durante unos minutos, con su peso muerto aplastándola de una manera que a ella le p