Los pasillos de la facultad parecían más largos de lo habitual mientras Nant corría, sus pasos resonando contra el piso de loseta. La eficiencia de Carlos y el tráfico nulo habían ayudado, pero la caminata desde la entrada principal hasta el salón del edificio B había consumido los minutos de holgura.
Llegó a la puerta del aula jadeando ligeramente. El reloj marcaba las 7:15 A.M. en punto.
Nant tocó la madera con los nudillos, un golpe suave y tímido, y empujó la puerta para pedir permiso.
—Bue