Beatrice ladeó la cabeza. Su hijo, Edward, estaba allí corriendo y divirtiéndose mientras veía una película. Ella preparaba una merienda en la cocina, poniendo los ojos en blanco con fastidio. No sabía hasta cuándo tendría que soportar a ese "mocoso", ni hasta cuándo tendría que seguir actuando como la madre perfecta después de que todo había salido según sus planes.
Edward levantó la mirada y la puso sobre su madre.
—¡Mamá! ¿La merienda está lista? ¡Muero de hambre!
Ella forzó la voz en un