425. DI QUE ERES MÍA
KATHERINE
Estaba fuera de control, sus caninos peligrosos rozando mis pechos. Sabía que hasta que no le diera lo que necesitaba, no pararía.
—Mmmm, no, no, aquí no, cariño. Estoy muy pegada a la puerta, Vorath… sshhh, espera, mi lobo…
Le supliqué al ser penetrada por dos dedos, adentro y afuera, adentro y afuera…
Sentía mis propios fluidos salpicar entre mis muslos; su boca chupaba mi cuello, ardiente y desesperada.
—Nena, necesito montarte ahora, ¡joder, lo necesito! —Elliot gruñó, mitad besti