426. SUEÑO DE PROFESÍA
KATHERINE
Sentí su rigidez, sus ojos me miraron de repente como en shock. Observé la reacción de Vorath y, ok, ese lobo se había quedado como electrocutado por un rayo.
—Ustedes digan algo, porque estoy comenzando a entrar también en pánico. ¿No… no quieres? Porque debiste haberlo pensado antes de regarme como una lechuga.
Muerdo mi labio inferior con una risita nerviosa que delata los latidos erráticos de mi corazón.
De verdad también tengo miedo de que no lo deseen como yo.
—Kath… ¿estás,