406. MI BESTIECITA GOLOSA
KATHERINE
¡BAM! ¡BAM!
—¡AAAHHH! —grité presa del pánico, casi podía sentir la respiración en mi nuca, la maldit4 ventana no dejaba de batir.
Me levanté con las piernas flojas, pero corrí como una loca desquiciada, apretando el cofrecito contra mi pecho.
La luz del agujero de la salida se veía tan cerca y a la vez tan lejos.
Creí escuchar pasos persiguiéndome, las telas blancas a mi alrededor se asemejaban a manos y monstruos acechando, envolviéndome en esta maldición.
Arrojé el cofre por el hue