405. EL ORIGEN DE MI HECHICERÍA
KATHERINE
Dudé un poco en volver a meter la mano en un sitio desconocido.
Observé la yema ya curándose.
La loca idea de que solo con mi sangre o la de mi hermana, se abriría ese escondite secreto, pasó por mi mente.
“Si ya estás sobre el burro, sigue dándole los palos”, pensé, haciendo una mueca sarcástica con la boca, mientras tomaba el último riesgo y rezaba por no perder la extremidad.
Me colé por el agujero y palpé una superficie dura y metálica, la tomé en mi mano, parecía un cofrecito, se