400. LOS PLACERES QUE MATAN
KATHERINE
Mi pecho resonaba “boom”, “boom”, “boom” con los latidos apresurados de mi corazón.
La imagen se volvió tan nítida y real en mi mente.
Era hermoso, el pelaje brillaba en castaño oscuro, sus pupilas rojas salvajes parecían mirarme directo al alma.
Me quedé muda por un instante, no sabía qué decirle, jamás pensé que esa presencia pudiese invadir así mis sentidos.
“Yo… yo no te quise lastimar, cariño, solo… solo me gustas demasiado, mi hembra. Puedo parecer intimidante, pero lo de hoy, l