385. CAPTURADA
KATHERINE
—¡Cariño, cuidado! —la sostuve entre mis brazos, frenando el impacto.
Jadeaba por la boca, por completo recostada a mí; podía sentir su corazoncito latiendo desbocado.
—Nena, solo un poco más, hija, ya estamos cerca. No podemos detenernos —miré nerviosa hacia el camino transitado; no veía con claridad, pero sabía que los monstruos estaban allá afuera.
Me agaché entonces frente a Lavinia, que no me podía ni hablar, recuperando el aliento.
—Ma… má, estoy muy cansa…da… mamá… tengo… miedo