384. SALVANDO A MI HIJA
KATHERINE
Me quedé por un segundo tendida sobre la tierra, recuperando la respiración, mirando a las copas lejanas de los árboles, metiendo oxígeno fresco a mis pulmones.
Tosí un poco en voz baja y me incorporé, sentada.
A mi lado el pozo de piedra por donde había salido.
A lo lejos, se pintaba vagamente la silueta del castillo contra el cielo atardeciendo, los últimos rayos naranja del sol.
Esta parecía ser alguna salida secreta de la morada del Duque.
Me levanté, sin más tiempo que perder; ca