386. LA MAGIA DEL AMOR
KATHERINE
—¡No, no, dejen a mi hija, déjenla! ¡Pueden hacer conmigo lo que quieran, yo seré su rehén, yo!
Me ofrecí, pero esa vieja bruja le hizo caso a su hijo y se fue a perseguir a Lavinia.
—¡Déjame ir, déjame! ¡Aaahhh, maldito psicópata! —rugí cuando mi boca fue mordida.
Sentí sus dientes haciéndome sangre el labio inferior para luego retirarse saboreándose.
Me tenía atrapada contra el árbol, controlada; no podía escapar.
—Así que estás dispuesta a lo que sea, Duquesita. ¿Y si te ofrezco un