383. SALIDA SECRETA
KATHERINE
Sudaba y sudaba; los dientes repiqueteaban dentro de mi boca de manera incontrolable, parecía que los segundos se convertían en horas.
Escuchaba el traqueteo de las poleas pasando por las ruedas, el rozar del metal contra las piedras y la madera estremeciéndose.
Solo fue un instante, y a mí me pareció un tiempo infinito.
Cuando llegué al final del destino, el montaplatos o lo que fuera esta caja instalada, se detuvo.
Me quedé tranquila, en silencio, solo oyendo mi propia respiración