378. AL BORDE
NARRADORA
—¡Aggrr, suel… tame… maldi…to! —Arthur luchaba como un tigre acorralado.
Su torso se contorsionaba intentando girarse para quitarse de encima a la alimaña que le había saltado sobre la espalda.
Las manos de Álvaro temblaban más y más a medida que apretaba la soga entre sus muñecas.
Las venas se veían abultadas, haciendo relieves sobre la piel, y las heridas escurrían con rastros de sangre.
Apretó los dientes, viendo solo oscuro, a punto de perder la consciencia, pero las ganas de veng