372. UNA RATA ESCURRIDIZA
NARRADORA
Tomas comenzó a ladrar en su mente; Aldo no pudo contradecirlo.
Los habían descubierto.
“Prepárate para salir detrás de mí a luchar. No podemos dejar que nos encierren aquí o estamos acabados”.
Le indicó comenzando a gatear hacia la salida. Sospechaba de las intenciones de sus asediadores.
—¡Traigan la leña, de prisa, viertan el líquido acelerante! —el hombre ya podía saborear su victoria.
A la luz del día y con la ayuda de los perros y las huellas descubrieron que detrás de esa barre