368. ATRAPADOS
NARRADORA
Aldo cargó como un saco de patatas a Gordon sobre su espalda y Tomas la otra caja.
Ahora más que nunca debían investigar qué eran exactamente esa hechicería peligrosa.
Corrieron sin cesar, comunicándose todo el tiempo en sus mentes.
No importaba qué, los iban a capturar si seguían así.
—¡Déjenme atrás, joder, déjenme, váyanse ustedes, los van a tomar prisioneros también! ¡Avisen al Ducado!
—¡Cállate, maldición! —Tomas le gritó a Gordon.
Bajó la caja y la colocó en la orilla del río.
Es