362. ME ENCANTA MI DUQUE
KATHERINE
—Sshh, no puede ser… mmm, vas a enloquecerme, mujer descarada… —lo escuché gemir ronco cuando levantó el borde del camisón, dejando al descubierto mis posaderas y, de paso, mi intimidad.
Completamente desnuda, sin bragas, solo tenía que abrir las piernas para que ese mástil me penetrara por completo.
“Mmmm”, pegué los labios con fuerza para no soltar soniditos de ramera, mientras Elliot me amasaba los muslos y las nalgas con esas grandes manos.
Siseaba excitado y las abría para sondear